
Ese que cabecea sus cuchillos,
ese que clasifica sus juguetes
con los ojos cerrados y rompe
sus rodillas con sus codos,
ese es el que pierde
su paréntesis cuando se nombra
y escoge su nombre
entre pelos de pincel.
Dicen que es un agujero
con proporciones
que se parecen a la silueta
de tu última silla.
Qué suerte
que el agua del pozo
no tiene más suerte,
ni es más agua, ni hay más pozo,
y que su balde
pierde saliva
por otro agujero.
No lo miran
ni tampoco lo tocan
los que conocen la tela
y no la han masticado
delante del fuego;
hoy se muerde mil sábanas
detrás de la luz
pero lejos de la oscuridad.
ese que clasifica sus juguetes
con los ojos cerrados y rompe
sus rodillas con sus codos,
ese es el que pierde
su paréntesis cuando se nombra
y escoge su nombre
entre pelos de pincel.
Dicen que es un agujero
con proporciones
que se parecen a la silueta
de tu última silla.
Qué suerte
que el agua del pozo
no tiene más suerte,
ni es más agua, ni hay más pozo,
y que su balde
pierde saliva
por otro agujero.
No lo miran
ni tampoco lo tocan
los que conocen la tela
y no la han masticado
delante del fuego;
hoy se muerde mil sábanas
detrás de la luz
pero lejos de la oscuridad.


