lunes, 13 de octubre de 2008

(Sin título)

Hoy viajé en tren. Usé la línea Sarmiento para ir a visitar a una amiga de Castelar y descubrí que me gusta viajar en tren (debe ser porque viajé sentado). No sé si será porque era feriado, pero el viaje fue rápido (también debe ser porque viajé sentado).

En el trayecto sucedió algo que me hizo tener ganas de contarlo. Un chico de más o menos 20 años se acercó a mi asiento y nos habló a mí y a una señora que iba a mi lado. Dijo que lo que iba a decirnos era un poco raro y que se sentía un poco pelotudo por pedirnos lo que nos iba a pedir, pero que por favor lo ayudemos. Cualquiera hubiera pensado que iba a pedirnos plata, lo cual era lo más esperable, pero no. Tenía un par de biromes en la mano y papelitos recortados en cuadraditos. Dijo que tenía problemas de adicción a las drogas, que hacía rehabilitación y que sus padres no lo ayudaban y se sentía mal, entonces necesitaba que nosotros escribamos algunas palabras o alguna frase o algo que le diera aliento y fuerza. La señora intentó hablarle de Dios y le pidió que se acercara a Él a través de la oración. Pero no sé si él estaba con ganas de pedirle a Él. Dijo que no le dijéramos lo que íbamos a poner en los papelitos, porque lo que quería era leerlos a la mañana cuando se levantara. Luego siguió por el vagón pidiendo lo mismo a otras personas. Pocos se interesaron en su propuesta.

Seguramente mañana a la mañana se va a levantar y va a leer lo que puse:

"Mirá a través del cielo, ahí vas a encontrar todas las respuestas. Cuidate, amigo."

domingo, 28 de septiembre de 2008

A través del cuadro



Ese que cabecea sus cuchillos,
ese que clasifica sus juguetes
con los ojos cerrados y rompe
sus rodillas con sus codos,
ese es el que pierde
su paréntesis cuando se nombra
y escoge su nombre
entre pelos de pincel.

Dicen que es un agujero
con proporciones
que se parecen a la silueta
de tu última silla.
Qué suerte
que el agua del pozo
no tiene más suerte,
ni es más agua, ni hay más pozo,
y que su balde
pierde saliva
por otro agujero.

No lo miran
ni tampoco lo tocan
los que conocen la tela
y no la han masticado
delante del fuego;
hoy se muerde mil sábanas
detrás de la luz
pero lejos de la oscuridad.